Si hay una película de comedia romántica que me apena adjudicarla como “favorita” es El diario de Bridget Jones. La he visto al rededor de unas tres o cuatro veces cada una (la parte uno y la parte dos, claro) y sinceramente en el plano superficial, por más sosa, rosa, cursi e incluso poco chistosa que pueda parecer, me encanta verla.
En estos casos, cuando son películas basadas en libros “muy vendidos”, prefiero ver la película a leer el libro. La razón es sencilla: no tolero demasiado a los best sellers. Así que me acurruco en la idea de que viendo la película no quebranto alguna ley (mental) literaria.
En realidad no hice esta entrada para dar cátedra de la película, mucho menos para reseñarla. Sólo la estoy escribiendo para dejar constancia de que también “soy fan” de las películas sin mucho sentido, porque me divierten, y soy, aunque me cueste admitirlo, conocedora de las películas rosas (O DE NIÑAS) de mi generación (y de la pasada).
Y así como me confieso conocedora de las películas rosas, también me declaro exigente ante lo que veo. ¡Ey! el hecho de que me diviertan las comedias no quiere decir que no sea exigente en el drama. Y a esto voy:
No he ido al cine
¿Por qué? La respuesta es simple ¡NO HAY NADA INTERESANTE PARA VER! (al menos en México). Es decadente casi al suicidio (bueno no tanto) ver cómo es que la calidad está por los suelos. Y no hablo de la calidad de la película en cuanto a escenario, sino a historia. Eso faltan, buenas historias.
La última película que vi “porque dijeron que estaba BUENA”, fue El curioso caso de Benjamin Button. A mi parecer, a mi gusto y a mi criterio: “ahí se va”. Y alguien me dijo “es que no puedes pedirle mucho al cine de ahora”. Sí, es cierto, pero no me gustó, la vi con demasiadas esperanzas y éstas siguen vivas para cualquier otra película.
Sólo para concluir, hace tiempo escuché un término que me agradó mucho: “Comedia histérica”. Sí, ahora ya no es comedia “para niñas, para chavitas”, es mera comedia histérica para hacer que el espectador esté temblando de horror en su butaca al ver que la muchachita se vuelve loca porque no ha terminado sus compras o porque todos los actores se ponen (de un momento a otro) a cantar canciones de ABBA.
Luego entonces, creo que ya me perdí en el tema, hice una vorágine de quién sabe qué y me siento cómoda porque esta cosa no tiene ni pies ni cabeza, ni espalda baja, ni nada.
Prometo ser más responsable la próxima vez, y por el bien propio (y social), ordenar las ideas antes de expulsarlas.