Vengo platicando con ella, sí con esa compañera que me tiene cariño aunque yo sea peor que la leche cortada cuando conversamos. Bajamos las escaleras y otra vez me cuenta que ya no soporta a su novio.
-¿Por qué no lo terminas?
- Ya lo hice
-Entonces qué quieres
-Nada, mejor cuentame algo tú
-Mmm ¿qué hay de tarea para mañana?
Y así es como esquivo los temas, cuando me preguntan de mí, cuando quieren saber intimidades para que ellos me digan las suyas con el afán de hacerse interesantes.
Baaah! ¿interesantes?
Ahora camino sola, tal y como lo hice ayer y antier y aaah que bien me sentí.
Observo, veo cómo me observan, me siento tranquila, depurada e incluso llego a pensar que la vida en estos momentos está frente a mí, como una señora gorda, piel grasa, y sudorosa, pero con mirada tierna, sentada en un rincón, quietecita, esperando mis descuidos para joderme al primer resbalón.
Del otro lado de la calle está Kevin y otro compañero, sigo caminando.
Tacos con consomé, quesadillas, picadas, enchiladas, aguas de sabores y postres adornan las afueras del centro de salud, el hospital militar y esa otra institución donde curan enfermos y que su nombre lleva muchas eses. Siempre que paso por aquí me dan ganas de comprar algo, y no por hambre, quizá es el impulso de ver al montón de personas sentadas, paradas o en cualquier postura incómoda, pero comiendo, siempre comiendo.
Camino, y veo mi sombra en la banqueta, será mejor que deje de verla, por poco me atropellan de nuevo.
Kevin deja a su amigo y el joven sigue andando en la acera de en frente, mejor no lo observo, mejor me sigo de largo y hago como si me importaran las pulseras que venden en la esquina.
¿Paso o no paso al oxxo?, para qué, al llegar a casa tomo agua.
Sigo, sigo, un dos un dos, mi sombra ya no está, espera esa es, no creo que no es esa ¿o sí?
Cuando lo siento ya está a mi lado “¡chín!”
-Hola, ¿llevas prisa?
-Voy a casa
-¿Venías con Kevin, verdad?
-Sí
-Ahhh
Pienso que todo sería más fácil si no me sintiera comprometida a hablar, y sobre todo a realizar preguntas de las cuales no quiero saber respuesta. Sí, definitivamente todo sería más fácil si la gente disfrutara de su soledad.
-Aquí me quedo
-Nos vemos
Subo al camión y es cuando recuerdo el por qué me gusta regresar a casa sin compañía, en calma, sólo el asiento vacío y yo, disfrutando el calor de más de medio día y el paseo por la colonia Progreso mientras todos escuchan el sonido de todo, menos el suyo.